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Columna | Las que sostienen el barrio (La Estrella de Concepción)

Por Carolina Stefoni & Vania Reyes. El 7 de agosto se celebró el día nacional del y la dirigente social o comunitaria,  actores centrales en nuestra historia ciudadana; quienes a través de su trabajo cotidiano logran vincular, coordinar y organizar a vecinos y vecinas de miles de barrios a lo largo y ancho del país. La fecha recuerda la publicación de la primera junta de vecinos en 1968, durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva, aunque hoy día esta conmemoración incluye a una infinidad de organizaciones de base.    En tiempos de desafección política y una importante desconfianza hacia gran parte de las instituciones públicas, la permanencia y persistencia de las dirigencias barriales es un elemento que requiere mayor atención. Estas organizaciones realizan una importante labor de acompañamiento y resolución de problemas cotidianos, como enfrentar la acumulación de basura, realizar actividades culturales y de convivencia vecinal o hacer frente al microtráfico en los territorios. Muchas veces las organizaciones vecinales son la primera puerta que se toca para abordar un conflicto, resolver una emergencia como el incendio de una casa o contener alguna situación de violencia intrafamiliar. Dirigentas y dirigentes orientan, apoyan y acompañan a las y los vecinos en momentos difíciles y también celebran y se preocupan por la comunidad, por los regalos de infancias en la navidad y por mantener sentidos de unidad. Contar con estas organizaciones y sus dirigencias tiene un valor enorme pues no solo ponen al servicio de la comunidad una serie de recursos, también facilitan el desarrollo de los barrios, ese espacio poderosamente delimitado donde quienes le habitan se conocen, intercambian saberes, intentan resolver conflictos y construyen reciprocidad. La reciente Encuesta Comunidades 2026, realizada por la Fundación Junto al Barrio a 298 dirigentas y dirigentes de todo el país pone sobre la mesa dos hallazgos que no podemos pasar por alto. El primero, 82% de quienes lideran organizaciones sociales en Chile son mujeres, muchas de ellas compatibilizan esta responsabilidad y actividad con el trabajo remunerado y las tareas de cuidado en sus propios hogares. Este dato revela que el lazo social comunitario se sostiene, hoy, gracias al trabajo incansable de mujeres, a costa muchas veces de una sobrecarga enorme que se suma a la ya conocida doble carga. El segundo hallazgo tiene que ver con el recambio generacional. La encuesta identificó que el 43,3% de las dirigencias tiene 60 años o más, y la edad promedio llega a los 56 años. Solo el 1,7% corresponde a personas menores de 30 años. El riesgo es evidente: si no se abren caminos concretos de participación y mecanismos de promoción sobre el valor de la organización vecinal para que más jóvenes se involucren en el liderazgo barrial; el conocimiento y la red de confianza construida durante décadas por la organización social de base vecinal puede debilitarse y desaparecer dentro de pocos años. Invertir en esta dirigencia —en su formación, en su tiempo, en su continuidad— no es solo una forma de apoyar a quienes lideran los barrios. Es una forma de cuidar aquello que, en el fondo, mantiene unidas a nuestras comunidades y urdido el frágil tejido social de nuestros días.

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Columna | Recomponer el tejido social desde lo vecinal: A propósito del Día Nacional del Dirigente de Juntas de Vecinos (El Ciudadano)

Por Cristóbal Ortiz-Vilches & María Luisa Méndez, Núcleo Milenio sobre Inseguridad y Cohesión Urbana NUMIC .  En tiempos de desafección política, polarización y desconfianza, la promoción de la participación a nivel local representa una alternativa real a la deslegitimación de las instituciones democráticas y un eslabón clave para fortalecer la cohesión social. Los chilenos confían más en sus vecinos que en el Estado, el barrio es el lugar de mayor identificación social, y aunque el sentimiento de inseguridad ha permeado la confianza entre vecinos, la fortaleza de los vínculos locales es sin lugar a dudas una de las claves de la  recomposición del tejido social y el mejoramiento de la democracia.  Ahora, este tejido ha cambiado. En algunos lugares se ha envejecido o deteriorado, en otros se ha vuelto más diverso en composición migratoria, y es importante tener esto en cuenta para no caer en una romantización de su potencial. Además, aunque los vínculos vecinales han tenido una gran resiliencia, la participación en juntas de vecinos y organizaciones locales es actualmente muy baja en todos los estratos sociales (Méndez & Ortiz-Vilches, 2025) y las condiciones para formar las nuevas generaciones de dirigentes se han vuelto más complejas. El poder desde lo local se ha expresado en iniciativas de participación ciudadana que buscan profundizar el sistema democrático desde abajo hacia arriba (es decir, una gobernanza bottom-up). La premisa es simple: fomentar la participación en el seno de organizaciones territoriales permite dar voz a los sectores históricamente marginados de la esfera pública; coordinando así intereses comunes que, de otra manera, se perderían en un mar de demandas fragmentadas. Aunque la Ley N° 20.500 reconoce el derecho a participar, se advierte que ni esta norma ni su reforma permiten una participación vinculante (Delamaza, 2025). Sus mecanismos de democracia directa —como iniciativas ciudadanas y referendos locales— son impracticables por sus altos costos operacionales. Además, no se han articulado con la asociatividad local, un rol ejercido tradicionalmente por las Juntas de Vecinos, cuya eficacia se encuentra obstaculizada por su rezago normativo y sus mermadas capacidades de gestión. En el Día Nacional del Dirigente de Juntas de Vecinos (7 de agosto), creemos que la promoción de políticas públicas de participación y gobernanza local puede ser el sustento de la cohesión social. En esta tarea, las Juntas de Vecinos son un organismo clave e irremplazable para ejercer una gobernanza comunitaria que entregue protagonismo y poder a los actores locales. Los y las dirigentes vecinales desarrollan una labor fundamental, pero requieren de más herramientas y potestades amparadas en leyes y normativas acordes a los desafíos actuales.  La recomposición del vínculo social en Chile nos lleva a la tarea ineludible de cómo articular el poder vecinal en nuestro entramado institucional. Se trata de reconocer el protagonismo de los actores territoriales y hacerlos converger en un proyecto nacional, sin dejar a nadie fuera. Promover la participación y gobernanza local es importante para fortalecer a la sociedad civil, pero debemos formalizar este proceso en instituciones ciudadanas vinculantes y articuladas. Asimismo, debemos tener en cuenta que los actores locales son más diversos que antaño, pero que también pueden aportar con nuevas y renovadas energías.   Referencias: Delamaza, G. (2025, 16 de septiembre). Proyecto de Reforma a la Ley de Participación: Empecemos a conversar https://gonzalodelamaza.cl Méndez, M. L., & Ortiz-Vilches, C. (2025). La política urbano-territorial como promotor de la cohesión social. REDES. Revista del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, 3(6), 21-24. https://centrodeestudios.minvu.gob.cl