Coloquio NUMIC abordó los aspectos que generan mayor inseguridad en los jóvenes

¿Cuánta seguridad laboral y social existe para jóvenes transexuales? ¿Es la seguridad equivalente a mayor vigilancia y represión? ¿Volverán varias familias chilenas a compartir una sola vivienda como en antaño? Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en el marco del cuarto coloquio organizado por el Núcleo Milenio sobre Inseguridad y Cohesión Urbana (NUMIC) el miércoles 8 de julio de 2026 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (FACSO).

“Cohesión en tiempos de inseguridad ¿cómo plantearnos hacia el futuro en contexto de incertidumbre?” fue el nombre de la actividad orientada principalmente a estudiantes de pregrado. El objetivo central fue discutir la inseguridad que viven las nuevas generaciones respecto al mercado laboral, la posibilidad de ser propietarios, la estabilidad económica y la movilidad social.

Para activar el diálogo, la instancia contó con las presentaciones de Iker Brauchi: Sociólogo de la Universidad de Chile y prácticante de NUMIC, Emmanuelle Barozet: Profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile y Quentin Ramond: Investigador principal de NUMIC y director del Centro de Economía y Políticas Sociales de la Universidad Mayor (CEAS).

Inseguridad urbana y cohesión social: Más allá del enfoque punitiva

En su exposición, Iker Brauchi propuso transitar desde la visión tradicional de la inseguridad —que la reduce de forma punitiva al crimen, la violencia y el miedo— hacia un enfoque estructural y multidimensional.

“Tales enfoques a menudo pasan por alto cómo la inseguridad está arraigada en la organización estructural de la propia vida urbana, surgiendo no solo de episodios excepcionales de violencia, sino también de condiciones crónicas de precariedad, exclusión, incertidumbre y acceso desigual a recursos materiales y simbólicos”, explicó.

Desde la perspectiva que investiga NUMIC, la inseguridad urbana se entiende como una condición existencial y relacional arraigada en la desigualdad. Bajo esta mirada, la generación de seguridad para ciertos grupos suele depender directamente de la intensificación de la inseguridad para otros (como ocurre con los procesos de securitización y financiarización).

Brauchi conectó este fenómeno con el concepto de seguridad ontológica (la confianza en la continuidad y fiabilidad del entorno material y social) y con la cohesión urbana, la cual se sostiene en dos dimensiones: Eje Vertical: Relación entre la ciudadanía y las instituciones y Eje Horizontal: Vínculos y relaciones interpersonales.

“La literatura especializada demuestra que una sólida cohesión entre instituciones confiables y redes comunitarias activas, mitiga la percepción de inseguridad. Sin embargo, enfrenta límites severos cuando las familias vulnerables no logran movilizar recursos suficientes frente al traspaso de riesgos del mercado”, planteó.

Bienestar, educación y los límites de la movilidad social desde los 90s

Por su parte, Emmanuelle Barozet analizó las transformaciones sociales en Chile desde la década de 1990 hasta el presente. Destacó como aspecto positivo que la generación actual es “más reflexiva, consciente de las desigualdades y con mayor acceso a la información que cualquier generación anterior”. Asimismo, al ser una cohorte que no ha vivido catástrofes históricas directas como dictaduras, revoluciones o guerras, su relación con la incertidumbre existencial se configura de una manera distinta.

No obstante, Barozet matizó el progreso macroeconómico del país a través de datos históricos de la encuesta CASEN y la literatura de movilidad social:

  1. Paradoja Educacional: Si bien la escolaridad promedio del país aumentó significativamente (alcanzando 13,6 años en el tramo de 18 a 29 años en 2024), la explosión de la matrícula de pregrado a partir de los años 2000 ha provocado una devaluación de los diplomas. Esto se traduce en que la masificación de la educación superior ya no garantiza el estatus ni la estabilidad de antaño.
  2. Estancamiento de la Movilidad Intergeneracional: Citando estudios sociológicos, la académica advirtió que a partir de los años 2000 la posición en el mercado laboral sigue dependiendo fuertemente del capital social y del origen. La movilidad entre las clases populares y medias se restringe mayoritariamente a clases contiguas, volviéndose más difícil salir de los grupos ocupacionales heredados y evidenciando que una mayor credencial educativa no se refleja necesariamente en mejores ingresos.
  3. Brechas de Género: La desigualdad estructural también persiste en la participación laboral; según datos analizados de 2024, la tasa de hombres ocupados alcanza el 67,3%, mientras que la de las mujeres se sitúa solo en un 48,2%.

Transformación familiar y la brecha entre propietarios y arrendatarios

Quentin Ramond abordó cómo la inseguridad habitacional fragiliza a las clases medias y redefine las relaciones familiares. A partir de un estudio relacional comparativo realizado en el área metropolitana de París —un modelo relevante para la realidad chilena debido al alza sostenida de precios inmobiliarios y las barreras de acceso para jóvenes—, Ramond desglosó el impacto del desajuste entre los ingresos y el costo de la vivienda.

El investigador explicó que el apoyo económico intergeneracional se ha vuelto indispensable, lo que profundiza las desigualdades no solo entre generaciones, sino también al interior de la propia juventud, dividiéndola según su origen socioeconómico y la capacidad de auxilio de sus padres. 

“El mercado del arriendo presenta una relación ambivalente ante el apoyo familiar, puesto que este apoyo perpetúa el sentimiento de dependencia y tensiona las perspectivas de independencia”, concluyó Ramond.

Las inseguridades de los jóvenes hoy: Identidad, precariedad y mercado laboral

Durante la ronda de diálogo, las y los estudiantes manifestaron sentirse plenamente interpretados por el diagnóstico de los expositores. Las inquietudes se centraron en las barreras del mercado laboral, la salud mental y las desigualdades interseccionales que afectan a identidades vulneradas.

Fernanda Alarcón, estudiante de quinto año de Sociología de la Universidad de Chile, sintetizó este sentir. “Mi mayor inseguridad es no poder insertarme en el mercado laboral de una buena forma, ya sea para conseguir un buen trabajo que me permita conseguir ingresos para sostenerme, pero además encontrar un trabajo donde me pueda sentir cómoda, que se relacione con mi profesión y no afecte mi salud mental”.

En esa misma línea, Osvaldo Roa, estudiante peruano de intercambio, criticó la «excesiva mercantilización de la vivienda en Chile y la imposibilidad de que las nuevas generaciones accedan a la propiedad».

A modo de cierre, Iker Brauchi enfatizó que, aunque el contexto actual exhibe mejores indicadores de riqueza material en comparación con épocas de dictadura o crisis bélicas, la privatización de los sistemas de transferencia de riesgo está desprotegiendo profundamente a la juventud. Ante este panorama, los investigadores concluyeron que el gran desafío de la política pública radica en construir formas colectivas de seguridad habitacional y laboral que fortalezcan la cohesión social, reduciendo la dependencia exclusiva de los recursos heredados de la familia.

 

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