Durante la instancia organizada por el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales IEUT, el Núcleo Milenio NUVIV, TECHO-Chile y el Núcleo Milenio NUMIC, se presentaron los resultados de un estudio que cuestiona la asociación automática entre campamentos e inseguridad. La investigación plantea que el estigma territorial pesa más que la evidencia y que avanzar en seguridad requiere integración, organización comunitaria y mayor presencia del Estado.
¿Son los campamentos efectivamente más inseguros que el resto del país o existe una brecha entre lo que muestran los datos y lo que se cree sobre estos territorios? Esa fue una de las preguntas centrales del seminario “Campamentos, Segregación y Seguridad”, realizado este jueves 15 de octubre y organizado por el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT), el Núcleo Milenio NUVIV, TECHO-Chile y el Núcleo Milenio NUMIC, instancia en la que se presentaron los resultados del Estudio de Seguridad de TECHO-Chile.
Uno de los principales hallazgos de la investigación fue que 4 de cada 10 hogares del país reportaron incivilidades en su entorno, mientras que en los campamentos la cifra fue de solo 1 de cada 8 hogares. Esta diferencia cuestiona la percepción extendida que vincula a los asentamientos informales con mayores niveles de inseguridad y evidencia la necesidad de distinguir entre los datos disponibles y los prejuicios que recaen sobre quienes viven en estos territorios.
En la misma línea, el índice promedio de incivilidades reportadas alcanzó 1,6 a nivel nacional, frente a 0,5 en campamentos, es decir, fue un tercio en estos últimos. La brecha se repitió en todas las regiones del país. Asimismo, mientras un 33% de los hogares a nivel nacional reportó tráfico de drogas en su entorno, en campamentos la proporción fue de 6,5%. En cuanto a las balaceras, estas fueron reportadas por un 36% de los hogares a nivel nacional, frente a un 14,9% en campamentos.
“Los datos nos muestran que existe una brecha importante entre la realidad de los campamentos y la imagen que se ha construido sobre ellos. Mientras 4 de cada 10 hogares del país reportan incivilidades en su entorno, en los campamentos lo hace solo 1 de cada 8. Esto no significa que no existan problemas de seguridad, sino que no podemos seguir asociando automáticamente estos territorios con el delito. La seguridad se construye con integración social y urbana, fortalecimiento de las comunidades y presencia efectiva del Estado. Necesitamos dejar atrás los estigmas y avanzar hacia políticas públicas que respondan a las condiciones reales de cada territorio”, señaló Javiera Moncada, Directora de Estudios de TECHO-Chile.
La investigación combinó el análisis cuantitativo de la Encuesta CASEN 2022, que consideró 72.056 hogares a nivel nacional, y el Catastro Nacional de Campamentos del MINVU 2022, con 15.046 hogares en campamentos. A esto se sumó un componente cualitativo basado en nueve grupos focales y mapeos participativos en cinco campamentos del Gran Santiago y sus barrios colindantes, que permitió conocer las experiencias y percepciones de quienes habitan estos territorios y de sus vecinos.
El peso del estigma territorial
Los resultados también mostraron una distancia entre la seguridad reportada por los indicadores y la inseguridad percibida por las personas. Mientras los datos no evidenciaron mayores niveles de incivilidades en campamentos, los relatos recogidos en el trabajo de campo dieron cuenta de una asociación persistente entre estos territorios y hechos graves como balaceras, narcotráfico o secuestros.
En los barrios colindantes, esa imagen no siempre estuvo basada en experiencias directas. Durante los ejercicios de mapeo participativo, los lugares identificados como inseguros no se concentraron únicamente dentro de los campamentos: aparecieron también en sus bordes , plazas y sectores de los barrios formales, y no necesariamente dentro de los asentamientos. El estudio advirtió así que la percepción de inseguridad también está influida por las representaciones sociales y las narrativas que circulan sobre estos espacios.
Sin embargo, la investigación advirtió que los campamentos no son territorios homogéneos y que existen diferencias entre ellos y dentro de cada uno. En algunos asentamientos, especialmente aquellos que han experimentado un crecimiento acelerado, los propios habitantes reconocieron problemas importantes asociados a la pérdida de vínculos entre vecinos. Por ello, los resultados no buscan desconocer las dificultades existentes, sino evitar que situaciones particulares definan la imagen de más de 120 mil familias que viven en campamentos en Chile.
Javier Ruiz-Tagle, académico del IEUT UC y director del Núcleo Milenio Sobre los Desafíos de la Vivienda, NUVIV, quien participó de la instancia, expresó: “Creo que hay que investigar sobre una posible relación entre tomas de terreno, estigma y desalojos. […] En los procesos de gentrificación, está documentado que la estigmatización es un preludio. Estigmatizar un territorio, decir ‘aquí está todo mal’, permite presentar a los desarrolladores que desalojan y generan nuevos desarrollos inmobiliarios como ‘los buenos’, como quienes vienen a sacar los problemas. Y en los desalojos de campamentos podría estar pasando algo parecido”.
“El estigma es una marca que alguien tiene que encarnar, una forma de diferenciación social que está presente en todo tipo de dinámicas de la vida cotidiana. También se ejerce para controlar a la población para ejercer medidas de control policial y en torno al género y la crianza. En este sentido, este estudio es fundamental para actualizar los estudios sobre la producción social del estigma”, expresó la académica del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC y directora del Núcleo Milenio sobre Inseguridad y Cohesión Urbana NUMIC, María Luisa Méndez.
Una seguridad que va más allá del delito
Otro de los principales planteamientos del estudio fue que la seguridad debe entenderse desde una perspectiva integral. La ausencia de incivilidades no significa necesariamente que un territorio cuente con condiciones adecuadas para vivir: factores como la higiene y la salubridad, la infraestructura, la exposición a riesgos socioambientales, el acceso a servicios urbanos y la presencia de las instituciones también inciden en la experiencia cotidiana de seguridad.
En este sentido, la investigación sostuvo que las respuestas centradas exclusivamente en el control del delito son insuficientes si no se acompañan de políticas que promuevan la integración social y urbana. Según los relatos recogidos, la presencia de Carabineros, los servicios de salud y educación, la iluminación, los espacios públicos cuidados y la coordinación efectiva entre las instituciones son elementos relevantes para construir entornos más seguros, tanto dentro de los campamentos como en los barrios vecinos.